LA ESENCIA HUMANA EN LA INMENSIDAD DEL UNIVERSO.
Me
incomodan las publicaciones en las que las personas se describen como si fueran
otro tipo de ser vivo, al afirmar que el ser humano es retrógrado, carente de
inteligencia o insignificante frente a una supuesta raza alienígena, cuando ni
siquiera sabemos qué hay más allá de nuestro planeta. Algunos llegan a decir
que no somos inteligentes y otorgan mayor valor a un animal que ni siquiera es
capaz de responder a un llamado humano de forma directa. No desmerezco el valor
de los animales ni de los humanos; ambos son esenciales en el equilibrio de la
vida. Sin embargo, negar que los únicos seres racionales e inteligentes en la
Tierra somos los humanos, es alejarse de la realidad. Esta negación no refleja
avance alguno, sino un retroceso.
El
universo es vasto e incomprensiblemente inmenso. Es probable que existan seres
más avanzados que nosotros, seres menos desarrollados o incluso entidades en un
nivel comparable al nuestro. Sin embargo, es importante reconocer que, aquí y
ahora, los humanos somos una especie con capacidades únicas. A pesar de nuestra
inteligencia, no podemos ignorar que aún estamos en un nivel de desarrollo
tecnológico relativamente bajo. Por diversas razones, no hemos alcanzado el
progreso que se espera, y este atraso se ve agravado por el daño constante que
infligimos al planeta. Esa relación destructiva con la Tierra nos lleva a
cuestionarnos si mañana seguiremos aquí, pues sus respuestas ante nuestra
acción son cada vez más claras.
Es un
escenario triste, pero nos invita a reflexionar. Reconocer lo que somos es
fundamental. Somos una especie viva, única, capaz de actuar en función de sus
intereses, con la ventaja de un pensamiento racional. Esa es nuestra esencia.
Aceptarlo no solo nos distingue, sino que también debería impulsarnos a
proteger nuestro entorno y a valorar lo que tenemos como humanidad


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